Mostrando entradas con la etiqueta Doris Lessing. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Doris Lessing. Mostrar todas las entradas

El Nobel, el Cervantes y las (muchas) ganas de escribir

1.1.14

En el año que concluye, el panorama literario internacional tuvo tonos y matices femeninos. Alice Munro, la canadiense que eligió escribir cuentos y no extensas novelas porque “era el tiempo que le quedaba entre las tareas del hogar y los chicos”, obtuvo el Premio Nobel de Literatura; y la gran cronista y escritora mexicana Elena Poniatowska se consagró como la cuarta mujer en llevarse el Cervantes, considerado a estas alturas como el Nobel de la lengua hispana. El 2013 se llevó a una voz esencial de la literatura escrita por mujeres: murió la inglesa Doris Lessing, otra Nobel de Literatura, que nos dejó en su narrativa la mirada compasiva sobre los conflictos raciales y sociales (Africa, Zimbabue, fue su hogar de niñez y de juventud) y sobre el mundo femenino.

Alice Munro, Premio Nobel de Literatura 2013

El 2013 también fue un año de reconocimiento para la literatura argentina del siglo XX: el mundo entero celebró los 50 años de “Rayuela”, la novela con la que Julio Cortázar se volvió, definitivamente, canónico y universal.

En el plano local, 2013 estuvo marcado por un fenómeno que arrancó hace unos cuantos años: en Tucumán crecen sin pausa los talleres de escritura (narrativa y dramaturgia). De esos espacios han nacido este año las primeras “criaturas”, los primeros libros editados, algunos de ellos por editoriales pequeñas de otras provincias. Y se percibe que no los anima tanto el estrellato como la prepotencia de trabajo de la que hablaba Roberto Arlt, y que para él era la única garantía de futuro.

Por Nora Lía Jabif

¿Qué te pareció este artículo? Coméntanos en FACEBOOK

Vía | lagaceta.com.ar

Doris Lessing, sobre el arte de escribir

29.1.12


¿Desde cuándo escribe...?

Siempre escribí, desde muy chica. Publiqué mi primer trabajo a los siete años. No creo que en nuestra cultura sea infrecuente que los chicos escriban. Creo que lo único raro en mi caso es que aún hoy lo hago todos los días. Idealmente cada mañana, aunque siempre hay problemas que solucionar de la vida cotidiana y ya no tengo tanta energía como antes.

Sobre la inspiración...
En general no tengo inspiración. La historia de "Las abuelas", por ejemplo, me la contó alguien que pensó que yo estaría interesada, y así me sucede frecuentemente. Es que uno está escuchando historias todo el tiempo y el chimento siempre fue una gran fuente para los escritores. No los chimentos de los famosos, al estilo de la revista Hola, porque allí los que publican son demasiado comunes, uno no leería de tal y cual actriz que se acuesta con el hijo de su amiga que a la vez se acuesta con su hijo, como en mi cuento. Pero sí uso chismes del tipo de los que circulan entre amigos. Y los diarios, claro, siempre son una fuente importante.

¿Cómo escribe...?
A los escritores se les suele preguntar: ¿Cómo escribes? ¿Con un procesador de texto? ¿Con máquina de escribir eléctrica? ¿Con pluma de ganso? ¿Con caracteres caligráficos? Sin embargo, la pregunta fundamental es: "¿Has encontrado un espacio, ese espacio vacío, que debe rodearte cuando escribes?". A ese espacio, que es una forma de escuchar, de prestar atención, llegarán las palabras, las palabras que pronunciarán tus personajes, las ideas: la inspiración. Si un determinado escritor no logra encontrar este espacio, entonces los poemas y los cuentos podrían nacer muertos. Cuando los escritores conversan entre sí, sus preguntas se relacionan siempre con este espacio, este otro tiempo. "¿Lo has encontrado? ¿Lo conservas?"

¿Qué hace un narrador... cuando narra?
El narrador vive dentro de todos nosotros. El creador de historias siempre va con nosotros. Supongamos que nuestro mundo padeciera una guerra, los horrores que todos podemos imaginar con facilidad. Supongamos que las inundaciones anegaran nuestras ciudades, que el nivel de los mares se elevara…, el narrador sobrevivirá, porque nuestra imaginación nos determina, nos sustenta, nos crea: para bien o para mal y para siempre. Nuestros cuentos, el narrador, nos recrearán cuando estemos desgarrados, heridos, e incluso destruidos. El narrador, el creador de sueños, el inventor de mitos es nuestro fénix, nuestra mejor expresión, cuando nuestra creatividad alcanza su punto máximo.