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Días y noches te he buscado (Vicente Huidobro)

25.7.14

Días y noches te he buscado

Días y noches te he buscado
Días y noches te he buscado
Sin encontrar el sitio en donde cantas.
Te he buscado por el tiempo arriba y por el río abajo.
Te has perdido entre las lágrimas.

Noches y noches te he buscado
Sin encontrar el sitio en donde lloras
Porque yo sé que estás llorando.
Me basta con mirarme en un espejo
Para saber que estás llorando y me has llorado.

Sólo tú salvas el llanto
Y de mendigo oscuro
Lo haces rey coronado por tu mano.

'Escribo por los aplausos, no por necesidad'

24.9.12

"Un poeta muerto ya no puede escribir. De ahí la importancia de seguir vivo". Con este par de versos abre la primera colección de poemas de Michel Houellebecq que se publica en España (vía Anagrama). 


Pese a que la muerte está ahí desde el principio, el autor de 'Las partículas elementales', que se 'mató' literariamente hablando en su última novela, la brutal 'El mapa y el territorio' (con la que consiguió el prestigioso Goncourt en 2010), dice no pensar "casi nunca" en la muerte. "La idea de la muerte es una idea agradable, pero esa no es la razón por la que mato a mis personajes. Los mato para poder enterrarlos. Porque me gustan los entierros", confiesa.

No habla de su desaparición del año pasado, cuando incluso su agente se extrañó de que no le devolviera las llamadas después de no presentarse a una lectura en Amsterdam, ni de su supuesta residencia en España (al parecer, como su personaje en 'El mapa y el territorio', podría estar viviendo en Cabo de Gata, Almería), lo único que admite es que vive en un lugar "rodeado de jubilados holandeses". Y cuando se le pregunta si Frédéric Beigbeder habla de él cuando se refiere a que el mejor escritor de todo los tiempos "aún está vivo" contesta: "¿De quién si no podría estar hablando?".

Lleva un polo amarillo desteñido y su maltratada parka verde. Se toca su desgreñado pelo a menudo y fuma en una postura extraña. Sus silencios entre palabra y palabra son eternos. Cuando parpadea parece haber cerrado los ojos y disponerse a dormir. Dice que, en realidad, escribe por vanidad. "Escribo por los aplausos, no escribo por necesidad. No soy la clase de escritor que no puede evitar escribir. Nunca he llevado un diario", confiesa.

Se siente en la obligación de ayudar a su poesía porque, en comparación con su novela, "es como un niño minusválido comparado con uno sano"."Es difícil editar poesía hoy en día. Tengo la sensación de que ya no cumple una función. De que su función se la robó la música. Por eso el siglo XX no ha dado tan buenos poetas como el XIX", asegura.

Amante de la literatura de Flaubert, no está de acuerdo, sin embargo, en que el escritor debe huir de la repetición. Y mucho menos en poesía. "Para mí la poesía es repetición. Me gusta repetir palabras. Sé que me repito mucho, pero me gusta. Creo en ello", admite. ¿Y qué hay de la provocación? "En poesía no se puede provocar. Es imposible. No hay personajes", responde.

Asegura el autor francés que 'El mapa y el territorio' "es una novela extraña" porque "los personajes viven en un mundo que no entienden" y porque "plantea temas incomprensibles, como el hecho de que obras artísticas tengan éxito comercial". Y en ningún momento, asegura, su intención era la de incomodar al lector. "Lo que quería era adormecerlo, llevarlo sin que se diera cuenta hasta donde yo quería. Puede que me esté haciendo mayor", confiesa. Lo de incluirse como personaje, lo encontró "creíble". "Conozco a muchos artistas y cualquiera de ellos podría pedirme un texto para su catálogo", añade.

Eso sí, quiere dejar claro que en ningún caso lo que le ocurre al escritor tiene nada que ver con él. "La autobiografía es una cosa muy seria. Yo acostumbro a mentir. Nada de lo que cuento es cierto. Creo que no sería capaz de escribir una autobiografía", sentencia. De entre los poetas que admira señala a Rimbaud, Baudelaire, Mallarmé y Apollinaire. Ninguno del siglo XX. Algo que no ocurre con la narrativa. "La novela francesa goza de muy buena salud hoy", dice. Y menciona a Beigbeder, a Pierre Michon y a Emmanuel Carrere. ¿Y Amélie Nothomb? "No la he leído, no me interesa".

Vía | elmundo.es

Embriagado con tu belleza

17.1.12

Miro tu rostro, me embriago.
Cada parpadeo mío es un sorbo,
un sorbo de tu belleza.
Lees atenta, ajena a mí
mientras yo me gozo
en la negrura de tus pestañas,
en las manos que cogen el libro,
en tu falda y en tus piernas,
piernas mágicas, imanes de amor.

Alguien te habla.
Sonríes interrumpiendo tu lectura.
Ríes. ¡Dios, qué risa!
Pero desdibujas el rostro
como la honda acuática
que se aquieta.

Me pregunto si has puesto
atención a lo que te han dicho
porque un minuto después
has vuelto a tu libro.
Y yo he vuelvo a tus pestañas.

Qué bello si fuese así

15.1.12

Tan lejos y tan cerca a la vez,
distanciados por una idea,
por una nada.

Mi corazón colmado de ardor,
latiendo, pensando en tu corazón.
Preguntándose si el tuyo
latirá también por mí.
¡Qué bello si fuese así! ¡Qué bello!

Te Eché De Mi Barca

5.1.12


Yo remaba.
Y un día te vi de pie en la orilla.
Me sonreíste. Dijiste: "Ven".
Y yo remé hacia ti.
Cuando ya me acercaba a tu orilla
hiciste que el viento soplara en contra mía
y mi nave volvió atrás.
Pero no dejaste de sonreír.
Y yo creía que me llamabas.
Así que remé con más ímpetu hacia ti,
llegué a duras penas a tus pies,
y me sentí dichoso cuando subiste a mi lado.

Remé mar adentro
con intención de llevarte a mi isla,
te pedí que tomaras el remo,
que remaras conmigo,
pero te limitaste a reír.
Entonces tomé ambos remos y remé sin pausa,
feliz de tenerte conmigo.

Sobre el inmenso mar azul
quiste tocarte la mano y la retiraste.
Quise besarte y volviste el rostro.
Entonces miraste a la orilla
y dijiste: "Devuélveme a tierra".
Te rogué que no te fueras,
"Quédate", te dije.
Y respondiste: "Me espera alguien".
Y yo me llené de lágrimas.
Te odié y juré que no volverías con él.
Loco de despecho te arrojé al agua.
Y tú te aferraste al borde de mi nave
sin dejar de reír.
Tu risa me llenó de rabia,
aplasté tus dedos buscando que te soltaras.
Reíste otra vez.
Logré por fin obligarte a soltar el borde,
pero te aferraste esta vez de la soga.
Te forcé a soltarla
y, mientras te hundías en la profundidad,
tu risa me hacía llorar de rabia.

La niña de la lámpara azul (texto y audio) José María Eguren

24.9.11

En el pasadizo nebuloso
cual mágico sueño de Estambul
su perfil presenta destelloso
la niña de la lámpara azul

Agil y risueña se insinúa
y su llama seductora brilla
tiembla en su cabello la garúa
de la playa de la maravilla

Con voz infantil y melodiosa
en fresco aroma de abedul
habla de una vida milagrosa
la niña de la lámpara azul

Con cálidos ojos de dulzura
y besos de amor matutino
me ofrece la bella criatura
un mágico y celeste camino

De encantación en un derroche,
hiende leda, vaporoso tul
y me guía a través de la noche
la niña de la lámpara azul

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Escucha aquí el poema: