Dime cómo escribes

28.4.13

Todo autor tiene su manía al escribir: dicen que Ernest Hemingway, por ejemplo, lo hacía de pie. Seis escritores venezolanos (poetas y narradores, hombres y mujeres) explican los rituales que acompañan su proceso creativo: alguno trabaja en ropa interior, otro juega con su bolígrafo. Por Daniel Fermín


"Un bóxer es idóneo para un escritor"

Escribir es en sí mismo una manía, una secreta demencia, un estado de furor que contiene a su vez otras pequeñas manías subalternas que cada autor practica. En mi caso esas manías no son ni muy excéntricas ni medulares, pero para sentarme a escribir requiero tener un chinchorro a la vista, una ventana por donde espiar a los vecinos y un escritorio en estado de desorden. Suelo sentarme en las mañanas, después de llevar a mi hijo a la escuela. He descubierto que un bóxer es la indumentaria idónea para un escritor. No fumo ni bebo ni como caramelos mientras escribo. Me gusta deambular por la casa: soy de los que piensa que las ideas brotan al caminar. Y después de horas de trabajo cuelgo la cosecha del día en mi terraza imaginaria y la pongo a secar. Al día siguiente, o a la otra semana, descuelgo esas páginas ya secas; las plancho, las doblo y las guardo en una gaveta hasta nuevo aviso. Escribir es mi rutina doméstica para ordenar la confusión.

ELOI YAGÜE

"Me distraigo con internet"

Soy muy sensible a los ruidos, y en el lugar donde vivo se registra un alto nivel de contaminación acústica. Anteriormente podía escribir con música (jazz) pero ahora no puedo pues me concentro más en ella que en lo que estoy escribiendo.

Generalmente escribo en mi laptop pero me distraigo mucho con Internet y las redes sociales, por ello he vuelto a escribir a mano, me concentro mejor. Luego paso en la laptop y así hago una primera corrección. Para escribir a mano uso grandes blocs amarillos y bolígrafos Bic de tinta negra.

No planifico mucho, los cuentos los escribo de un tirón, siguiendo la indicación de (Julio) Cortázar. Cuando se trata de novelas, debo escribir sinopsis y listas de personajes.

Al escribir me entra una especie de euforia creativa y no me siento a comer sino que cada dos horas me tomo un café y pico algo. No bebo alcohol ni fumo, cultivo la sobriedad. Para adicciones, con la literatura me basta y sobra.

LAURA ANTILLANO

"Requiero de una habitación vacía"

Requiero de la habitación vacía, de personas, no de objetos. Un lugar donde no esté, al escribir, nadie más que yo. Me gustan las plantas cercanas y hasta las ventanas, pero es necesaria la soledad. Las horas de la mañana o la madrugada son para mí las mejores.

Suelo hacer anotaciones en pequeñas libreticas, una sensación, una escena en la calle, un aroma, algo recordado a partir de un detalle insignificante puede llevarme a escribir algunas palabras que al estar ante la pantalla del computador, me servirán para recordar o construir, lo que quiera contar.

La maña de la anotación la aprendí de mi tío Alfredo Armas Alfonzo, quien anotaba hasta en el papel de su cajetilla de cigarrillos y luego reunía en casa esa infinita cantidad de pequeños listones en bolsas plásticas, que vaciaba al escribir. Me gusta tener el escritorio cerca de una ventana que muestre el cielo, la montaña, un lugar que señale lejanía, se ha vuelto manía con los años.

EDGAR BORGES

"Hago malabares con el bolígrafo"

La observación es el punto central que me motiva a escribir. La particularidad de algo o de alguien me hace detener y se convierte en un punto fijo. En ese momento el punto fijo implosiona, se destruye, la imaginación vuela, la realidad de ese hecho se trastoca y comienzo a suponer las otras realidades que giran alrededor. De esos puntos alterados nacen mis historias con otro orden, con otra lógica. Luego la escritura la realizo en mi casa, algunas veces a mano y otras en ordenador. La escritura a mano me da la ventaja de que para concentrarme hago malabarismos con el bolígrafo, y la verdad es que aún no he logrado hacer malabarismos con el teclado. Mientras más pasan los años más reviso y menos escribo. Me gusta escribir por las mañanas y por las noches. Debo confesar que últimamente la observación me está haciendo sospechar que la mejor historia está en el silencio, como si la mejor literatura hubiese que sentirla y no contarla.

RAFAEL CASTILLO

"Escribo incluso en márgenes de un libro"

Escribo cuando se produce esa pequeña conmoción espiritual que me obliga a darle forma escribiéndola. Esto puede ocurrir en cualquier parte y sin aviso. Cualquier soporte es, entonces, adecuado. Pero, generalmente, como esa conmoción suele producirse mientras leo sentado en mi butaca en mi estudio, escribo en alguna zona despejada de mi escritorio, o en una tabla sobre las piernas, sin levantarme del sofá. A veces escribo incluso en los márgenes del libro que leo. Escribo de preferencia a mano, con pluma fuente, con tinta negra y en un cuaderno de bolsillo. Sin más rito ni manía, ni superstición ni melindre. Escribo de golpe y de un golpe: una sensación, una inquietud, una especie de nebulosa mental y cordial me posee y me empuja a escribir. (Esta nota, por ejemplo, la acabo de escribir en la pantalla del celular, tecleando en medio de una conferencia, cuyo ruido de fondo acompaña y empaña lo que escribo al vuelo de los dedos sobre el minúsculo teclado).

SONIA CHOCRÓN

"La teconología es mi tercera mano"

8:00 am. Desde el día anterior sé lo que tengo que escribir. De no hacerlo así, mi vocación natural por el ocio me atraparía. (Cuando escribo poesía, el punto de partida es una libreta que reposa en mi mesa de noche y en la que tomo notas, palabras, antojos, gestos y melancolías, a mano y en bolígrafo. Ese es un cronograma que se completa poco a poco, a lo largo del tiempo, y que escapa a toda rutina. Para todo lo demás, la tecnología, es decir el ordenador, es mi tercera mano. Las palabras, mi parque de diversiones).

Tengo un espacio sagrado: un estudio pequeño como un vientre. Y allí, desde las paredes, me vigilan los retratos antiguos de todos mis difuntos y un ejército de ángeles de madera. Juego, lucho, a veces la música, a veces silencio. No releo. Sólo escribo. Insisto, persisto. Y escribo. Hago recreos breves, sólo para hablarle al Twitter. Y fumo, y vuelvo a escribir a gusto con el Ávila a mi lado.

Vía | eluniversal.com/

´El éxito hay que saber administrarlo; puede destruir al escritor´

19.4.13

Está reconocido como un escritor de culto, con un valor sólido y consolidado, que cuenta con un importante número de seguidores que admiran su calidad, pero de alguna forma se le continúa resistiendo el gran público, porque se niega a realizar concesiones. Y a pesar de eso, su trayectoria está jalonada con siete magníficas novelas, libros de relatos y abundantes premios, como el Mor de Funtes (1973), Hucha de Plata, Gabriel Miró (1986), Gabriel Sijé (1988), Felipe Trigo (1993), Constitución (1987) y Bruguera (2008).

José María Pérez Álvarez, con Carlos García y Arturo Rodríguez Vispo, en segundo término. // Iñaki Osorio

-La novela E.A.B. (Escritor Ágrafo Bipolar), que presentó ayer en El Cercano, está vinculada con Tela de araña.

-Esta novela es anterior a Tela de araña. Tiene el mismo protagonista. El argumento sería un paseo de noche por Santiago, realizado por dos escritores.

-¿Hay algo de autobiográfico en esa obra?

-Hay un contenido autobiográfico que es muy claro. El segundo protagonista de la novela, Manuel Vilas, es un escritor amigo mío. También aparece el escritor y catedrático Germán Sierra, con el que comí alguna vez en Santiago. En ese sentido, sí que tiene algo autobiográfico, pero muy leve. En lo que escribo, procuro pasar inadvertido lo más que puedo.

-Dicen que ningún escritor puede saltar fuera de su propia sombra, porque la obra se nutre de lo que ha vivido, de lo que ha leído y de lo que ha visto.

-En mi caso particular, todo viene de lo vivido, que uno puede cambiar y manipular a su antojo, pero fundamentalmente procede de lo leído.

-¿En qué situación anímica y creativa se encuentra el escritor J.M.P.A.?

-Desde el punto de vista creativo bien, porque he escrito mucho en los tres últimos años. Tengo ahora tres novelas inéditas. Estoy enviando alguna de ellas a editoriales. La última la terminé en enero. Y ahora estoy parado; leo, para tomar de nuevo el impulso.

-¿Cómo lleva usted el oficio de escritor?

-Es muy trabajoso. A mí me encanta escribir, pero desde luego no soy de los que disfruto escribiendo. Cuando me pongo a escribir lo paso mal, porque uno busca cosas que no salen? Generalmente, nunca creas la obra que sueñas escribir, porque eso solo está en manos de media docena o una docena de genios. Como yo trabajo sin argumento, a medida que escribo voy hilvanando; por lo tanto lo paso mal. Yo lo paso mal en el hecho de escribir, sin embargo me siento enormemente satisfecho de estar llenando mi tiempo con eso. Para mí la escritura es la vida. Cuando no escribo, parece que estoy aletargado. El hecho físico de escribir me resulta penoso, me resulta muy difícil llevarlo a cabo, pero a fin de cuentas la escritura me llena de vitalidad y de buenas sensaciones.

-¿Disfruta más como escritor o como lector?

-Disfruto mucho más al leer una buena obra.

-¿Todavía siente inquietud ante un folio en blanco?

-A mí me cuesta mucho. Tengo un horror al folio en blanco, porque yo sigo escribiendo a mano. Y me causan mucha desazón esos primeros párrafos, que al final siempre termino cambiando. Pero ponerme delante del papel, para pasar lo que tengo en la cabeza, me desconcierta; no sé lo que va a salir. Y cuando se rompe ese primer paso y surge el proceso de creación, todo fluye de una manera más natural, en los dos, tres o cinco años que le dedico a una novela. Luego te das cuenta de que algo que pensabas que era una maravilla no encaja y lo retiras. El proceso de corrección es el que más me gusta.

-¿Continúa escribiendo a bolígrafo?

-Sí, siempre escribo en papel cuadriculado, con el bolígrafo de toda la vida. Nunca escribí nada, directamente, en el ordenador. Cuando termino una obra, con las correcciones correspondientes, la paso al ordenador, para poder mandarla a una editorial.

-¿La inspiración se le resiste, si no tiene un bolígrafo en la mano?

-Se me acomoda muy bien el ritmo del pensamiento al de la mano. El ordenador me desconcierta, me descontrola; no me permite concentrarme. Por lo tanto, siempre escribo a mano.

-¿Corrige mucho?

-Sí, muchísimo. Alguna novela la he terminado en seis meses, y luego le dedico dos o tres años a la corrección y a la reescritura.

-¿Cuántas veces puede reescribir una novela?

-Tres o cuatro. Las suelo retocar muy a fondo, cambiando personajes, determinados pasajes, capítulos enteros, bailarlos de un sitio para otro? Eso lo hago siempre.

-Usted es un escritor de reconocido prestigio, con seguidores muy fieles. ¿Merece la pena el éxito a cualquier precio?

-El éxito hay que saber administrarlo, puede destruir al escritor. Un buen escritor, si se deja arrastrar por la notoriedad, se puede convertir en un fenómeno social o mediático. Cien años de soledad ha tenido un éxito de calidad, pero en cambio hay otro tipo de éxito, como el de los escritores que ganan el premio Planeta y luego se dedican a participar en tertulias. El éxito fulgurante es muy pernicioso, porque acabas en los medios de comunicación.

Vía | farodevigo.es

Levantarte temprano podría ser el secreto del éxito literario

Utilizar las horas anteriores al alba para escribir ha resultado productivo para muchos escritores y es una forma de enseñarle a tu mente a ponerse en la actitud necesaria para escribir.


El ritmo de la vida moderna deja poco tiempo para dedicarlo al trabajo creativo: escritores de todos los tiempos han logrado robarle horas al día (o a la noche) para hacer tiempo y realizar su escritura. El poeta estadunidense Charles Olson decía que la mañana era el lugar en el que todavía las preocupaciones no llegaban a tocar a la puerta, y se llamaba a sí mismo “un arqueólogo de la mañana”, justo como Haruki Murakami, quien para la hora del amanecer ya ha salido a correr y lleva muy avanzado su trabajo.

Y es que el mundo es demandante y la tenacidad del escritor se demuestra en la manera en que puede funcionar en varios planos de realidad a la vez. Sylvia Plath también se levantaba muchas horas antes del primer latido del sol para escribir su poesía, pero sobre todo antes de que se levantaran sus dos hijos pequeños; la escritora Frances Trollope, en el siglo XIX, también era una madre funcional que podía tener el desayuno listo para sus seis hijos justo después de una intensa sesión de escritura de madrugada.

La dramaturga, guionista y tallerista Julia Cameron escribió en su libro The Artist’s Way que una herramienta fundamental del trabajo creativo, ya sea en literatura, en artes o simplemente si se quiere tener un poco de claridad mental, es levantarse y escribir inmediatamente tres planas de morning pages, las páginas matinales. Estas páginas no necesitan ser la encarnación de la prosa literaria, no necesitan ser un diario, no necesitan ser escritura automática: necesitan ser lo que tú necesites que sean cada día.

Si el cerebro y la memoria se ejercitan en la repetición, escribir apenas comenzando la mañana le enseña a tu cerebro que escribir es importante. Le enseña a habituarse a la disponibilidad que exige la página en blanco horas antes de que el mundo exija presencia y atención. Puede que las personas de hábitos nocturnos tengan formas diferentes de encarar el trabajo creativo, pero la ventaja de las mañanas es que puedes pasar tiempo a solas con tu escritura, un hábito nutrido por la repetición.

Habrán días en que uno no pueda poner dos frases juntas sin sentirse estúpido. Esos son los días cruciales. Cuando esa pequeña voz en tu cabeza te dice que pierdes el tiempo, que deberías volver a la cama, que deberías dedicarte a otra cosa. Lo importante es hacer frente a ese miedo (miedo que es deseo disfrazado de incertidumbre) y escribir todo lo que pase por la cabeza hasta completar la página. Si la práctica hace al monje, las páginas matinales son una manera de hacer al escritor.

Paul Valéry solía levantarse a las 4 am y escribir hasta que apareciera el sol. Aunque su reconocimiento se debe primordialmente a su poesía y sus ensayos sobre temas literarios, las páginas matinales que conforman los 10 inmensos tomos de sus Cahiers están llenas de notas insustanciales, a veces ilegibles, de dibujos y de problemas matemáticos a los que era especialmente afecto. “Escribir”, en este sentido, toma la forma de una exploración dirigida por la curiosidad. Es colocarse en un estado de recepción y de aceptación sobre las condiciones de la propia mente y de la propia disponibilidad.

Aunque la palabra “rutina” nos parezca muy alejada del trabajo creativo, la repetición de ciertas acciones nos permite entrar inconscientemente en un estado de disponibilidad para la creatividad. Ernest Hemingway escribió “cada mañana, inmediatamente después de las primeras luces”, al igual que Toni Morrison, para quien el hábito de ver el amanecer la colocaba en la actitud correcta.

Milton se levantaba a las 4 de la mañana pero no escribía sino después de dedicar una hora a la contemplación, al igual que Immanuel Kant, quien bebía una o dos tazas de té y una pipa de tabaco antes de enfrentar su monumento filosófico, Crítica de la razón pura. El cubano José Kozer escribe un poema al día, no importa si es bueno o malo, lo revisa al día siguiente y lo archiva en una de sus cientos de carpetas, no importando si está de viaje, enfermo o indispuesto.

La lógica de esto es la misma que da forma a los rituales mágicos: repetir casi maquinalmente una acción de alguna manera la sacraliza, la vuelve importante para nuestro yo más profundo, el que conoce la justa dirección de nuestro deseo. Ritualizar no es sino repetir. Pensemos que en ese sentido, el esperar el nuevo capítulo de tu serie favorita de TV es un ritual: le enseñamos a nuestra mente y nuestra memoria (a través de la repetición) que ese tiempo es importante por la razón que sea, y nuestro cuerpo simplemente actúa en consecuencia.

El ritual no es negociable, no conoce de vacaciones y no le importa que tengamos millones de ocupaciones: por eso es sagrado, porque lo defendemos de cualquier distracción simplemente presentándonos a la página en blanco cada día. Aunque nada aparezca ese día, agradecemos: hemos cumplido (como decía Kafka) con una orden que nadie nos ha dado, pero que no somos libres de desobedecer. La de la feliz tiranía de la escritura.

Vía | pijamasurf.com/

Murakami: "Escribir una novela es como tener un sueño".

12.4.13

Todavía no pasa, pero desde hace unos años su nombre no sale de las listas de predicciones del Nobel de Literatura. Haruki Murakami es uno de esos autores contemporáneos que ha enamorado lectores y lectores, más allá de su país. Lectores que se quedan con él.


"Para mí, escribir una novela es como tener un sueño. Escribir me permite soñar intencionalmente mientras estoy despierto. Es una manera de descender en lo profundo de mi propia conciencia. Para mí el estado de sueño es muy auténtico", se lee en una entrevista en la página de la editorial Random House.

Algunos lo inscriben en el surrealismo y lo llaman posmoderno. La influencia de la literatura y la música occidental, han señalado algunos, lo han hecho un escritor japonés diferente. Sus historias están llenas de detalles y personajes que conmueven. "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo dividió mi forma de pensar. Habla de cosas tan simples como observar el mundo, lo que sea que es nuestro mundo. Eso es algo que nunca hacemos", dice Carolina Aponte, ingeniera industrial y lectora de Murakami.

Su vida y obra está rodeada de secretos. "Nunca entiendo por qué los medios quieren saber de mí, porque la mayor parte del tiempo no me siento nada especial. Puede haber cierta magia cuando escribo, pero el resto del día soy nada más que un amante del jazz como hay millones por ahí", le dijo a la periodista Juana Libedinsky en 2007, en una entrevista en La Nación. Se sabe que nació en Kioto en 1949, que estudió literatura en la Universidad de Waseda y que, durante varios años, estuvo a cargo de un club de jazz. Le gustan los gatos y están ahí, en sus letras.

Los libros de Murakami envuelven y, expresa la ingeniera administrativa Diana Suárez, te llevan al punto de sentir, casi, lo que siente el personaje. Quizá por eso el lector que lo descubre en radio, por algún amigo, internet, el nombre de sus libros, muchos particularmente bellos, o por cualquiera que sea el motivo, se queda y vuelve y espera, ansioso, un nuevo libro. "Tiene ese algo de profundidad de las situaciones y de los personajes. Me encanta la forma como muestra desde su estilo, la condición humana", opina Marcela Cataño, del grupo Letras de Eafit.

Murakami ha publicado 12 libros. Tusquets ha publicado, en español, 10. Hoy se presenta uno más en Japón: El descolorido Tsukuru Tasaki y el año de su peregrinación, según cifras de la editorial Bungei Shunju, alcanzó en Amazon las diez mil reservas. El escritor prometió en la web de la editorial que este libro es diferente a su trilogía 1Q84.

En Medellín le va bien. Gloria Melo, de la librería Al pie de la letra, señala que sí se vende, que todo el tiempo se vende.

Un escritor de culto que cuestiona, que conmueve, que atrapa. "Escribo cosas raras, muy raras -expresó en la entrevista de La Nación -. Pero soy una persona muy realista. No creo en nada New Age: el horóscopo, el tarot, los sueños. Solo hago ejercicio físico, como sano, escucho música y trabajo. Sin embargo, cuanto más serio me vuelvo en la vida real, más extrañas son las cosas que escribo".

Vía | elcolombiano.com

El héroe discreto de Mario Vargas Llosa

28.1.13

El escritor peruano y premio Nobel de Literatura de 2010, Mario Vargas Llosa, reveló hoy en Colombia que acaba de concluir su nueva novela El héroe discreto que, según adelantó, se ambienta en el Perú actual.

En un conversatorio con el ensayista colombiano Carlos Granés, en el marco de la VIII edición del “Hay Festival” de Cartagena, dijo esperar que esta nueva obra sea una de las más importantes escritas en su carrera.

“Mi gran ambición es que esta novela que acabo de finalizar siga viviendo en 50 años como ha vivido La ciudad y los perros”, manifestó Vargas Llosa.

El novelista peruano refirió que esta novela incluyó experiencias de su infancia en las ciudades de Piura y Lima, pero su nuevo libro transcurre “en el Perú de hoy día”.

Añadió que actualmente el país andino está experimentando “un periodo muy positivo”, aunque simultáneamente con drásticos cambios sociales, y que lo propio ocurre en Chile y Colombia.

“Tenemos democracia, creo que hay unos consensos en defensa de la democracia muy amplios, tenemos una política de apertura de defensa de la propiedad privada, de estímulo a la inversión, de estímulo a la creación de riqueza a través de la empresa privada; todo lo que hoy, creo que empuja a una sociedad hacia el progreso”, puntualizó.

Comentó que este nuevo escenario, con sus problemas sociales, le sugirió la idea de los personajes y situaciones que han sido incluidos en esta nueva novela.

Vía | peru21.pe

Toda buena novela debe poseer un punto ciego

Javier Cercas va conversando rápido, trayendo las palabras una tras otra. Solo hay una manera de describirlo: la literatura lo emociona y él tiene algo que decir.

En el Hay Festival estuvo conversando de su libro más reciente, Las leyes de la frontera. También de las letras, de sus temas, de sus ideas sobre la novela.


Usted tiene una teoría, la del punto ciego. ¿De qué se trata?
“Esto es una idea que había empezado a elaborar hace tiempo y llevo mucho tiempo dándole vueltas y que parte de mi experiencia personal. Hoy estaba desayunando con Vargas Llosa y me volvió a preguntar y creo que voy a escribir un libro o ensayo sobre el asunto. Porque en parte empecé a formularlo cuando escribí un ensayo sobre La ciudad y los perros. La idea es que en toda gran novela hay un punto ciego, es decir, un punto a través del cual no se ve nada, pero ese no ver nada es precisamente el modo que la novela tiene de ver. Ese silencio es lo que hace elocuente a la novela”.

¿Un ejemplo?
“El primer gran punto ciego está en El Quijote, es decir, don quijote está totalmente loco, de sanatorio, enfermo, pero al mismo tiempo es el hombre más lúcido y con la cabeza más clara del universo. Eso es un punto ciego. Esa es una ambigüedad esencial que no puede resolverse y en la cual radica el corazón de la novela. Toda novela parte de una pregunta. La novela es la búsqueda de una respuesta a esa pregunta y cuando llegamos al final del libro, no hay respuesta. La respuesta es la propia pregunta, el propio libro, la propia búsqueda de una respuesta. Las novelas no ofrecen respuestas claras, inequívocas, taxativas, como si ofrece la ciencia, la historia, el periodismo. El ejemplo más claro es el de Kafka. De qué acusan a K. No lo sabemos y ese es corazón de El Proceso. Todo lo que la novela tiene que decir está ahí y no lo sabemos”.

¿Cómo funciona en sus novelas?
“Todas mis novelas funcionan así. Por eso esta teoría nace de mi experiencia personal. En algunos casos es muy evidente. En Soldados de Salamina la pregunta del libro es por qué un soldado republicano al final de la guerra civil, salva a un fascista. Al final no sabemos ni quién es el soldado, ni por qué salva al fascista. Anatomía de un instante es igual. Por qué Adolfo Suárez se quedó sentado en su sitio en vez de tirarse al suelo y todo el libro es una búsqueda a esa pregunta y al final no hay una respuesta”.

Vargas Llosa, en una de las conversaciones del Hay, habló del punto ciego y luego añadió que lo que piensa al autor es igual de válido a lo que le queda al autor después de leer…

“Eso es cierto. El lector es la otra mitad del libro. La primera mitad la ponemos los escritores, pero la otra mitad, el lector. Un libro es una partitura y es el lector que la interpreta. No todas las interpretaciones son igual de válidas. Las hay mejores y peores. Un libro sin lectores no es un libro, es solo un montón de letra impresa. Es el lector el que da vida”.

¿Cuando se dice que Cercas se ha obsesionado con España, su interés es entender esas cosas que pasan allí?
“Últimamente me he hecho preguntas que atañen a lo colectivo, pero no constantemente. Yo soy un escritor que mis libros están últimamente muy arraigados en una circunstancia geográfica e histórica concreta, pero eso no significa que sean libros locales. La literatura es lo que convierte en universal lo local. En Laponia entienden muy bien a un señor que vivía en La Mancha porque Cervantes consiguió con ese señor de un poblachón de La Mancha, tan local, infinitamente local, decir cosas que nos atañen a todos. García Márquez hablando de un pueblecito minúsculo y además inventado consigue contar las esperanzas de todo el mundo. En eso consiste la literatura. Partir de lo más local, arraigado, para decir cosas que atañen a todo el mundo”.

¿En ese sentido, la literatura nos dice que aunque nos separen distancias, somos muy parecidos?
“Sí, así es. Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Somos bichitos humanos. La gran literatura dice eso: que sí, nos separan muchas cosas, aquí hace calor, en el otro sitio hace frío, aquí se come ceviche, en el otro sitio tortilla de patatas, pero eso es anecdótico. Es muchísimo más lo que nos une”

Ser novelista, dijo alguna vez, es meterse en la piel de todo el mundo. ¿Eso qué significa?
“Intentar entender la infinita complejidad de la realidad de los seres humanos. Intentar entender también lo más monstruoso, los asesinos, los locos. Ahí también, llegar hasta ahí. Eso creo que es fundamental, la empatía. Entender incluso a Hittler. Entender no significa justificar. La única manera de que Hittler no se repita es conseguir entender el mecanismo de ese individuo tan infinitamente perverso, casi diabólico. Creo que eso es indispensable para un escritor y creo que es una de las maravillas de la literatura: que nos pone en la piel de otros, de gente muy distinta. Nos ensancha, nos hace más complejos, y hace más compleja la vida”.

También hay mucho de autobiográfico…
“Todas las novelas son autobiográficas. Vargas Llosa dice una cosa muy graciosa y muy exacta y es que una novela es un streap tease al revés. La señorita o el caballero sale desnudo al escenario y se va poniendo la ropa interior, la ropa exterior, hasta que al final queda irreconocible. Eso es escribir una novela. Uno parte de su propia experiencia en bruto, de lo que ha ocurrido, lo que ha soñado, lo que le hubiera gustado que le ocurriera, de lo que ha imaginado y a través de la forma, de las palabras, de la estructura, va encubriendo eso, enmascarándolo, hasta que al final resulta irreconocible, pero la materia bruta está ahí dentro. Al fin y al cabo, como decía Unamuno, yo escribo de mi mismo porque es lo que más cerca me pilla (risas)”.

Anatomía de un instante es una historia de no ficción. Su novela más reciente, Las leyes de la frontera, es una historia de ficción. ¿Lo que pasa es que literatura e historia están íntimamente ligadas en usted?
“Anatomía, en el fondo, es una novela muy rara. Una novela sin ficción, pero una novela, y es literatura. Es una novela muy rara, porque es novela y también ensayo y crónica y una serie de biografías. En mis libros juego en el borde de los géneros. Estoy seguro que la novela, como género, permite jugar con ellos, combinarlos. La historia de la novela se puede contar como la historia de cómo la novela se va apropiando como un monstruoso animal omnívoro de todo lo que encuentra a su alrededor y creo que eso me gusta, me interesa, me parece que asegura el futuro de la novela. Ella no se puede conformar con ser lo que ya ha sido. Tiene que ser otras cosas y puede serlo. Es un género infinitamente versátil”.

Vía | elcolombiano.com

Los 10 best-sellers favoritos que saltaron a la pantalla

Lejos de lo que muchos piensan el cine y los libros no están del todo peleados puesto que han sido varios los escritores de best-sellers que logran llevar la fama de su historia a la pantalla grande. Aquí te presentamos algunos de los casos más sonados. 



La trilogía erótica de E.L. James, 'Cincuenta Sombras de Grey', será llevado a la pantalla grande en breve aunque aún no se conoce más sobre los protagonistas.


El libro de Nicholas Sparks que dio pie al romántico 'Diario de una Pasión' fue un best-seller en su momento. El escritor también fue autor de filmes como: 'La Última Canción', 'Cuando te Encuentre' y 'Querido John'.


Elmore Leonard autor de filmes cómicos como 'El Nombre del Juego', 'Tómalo con Calma', 'Jackie Brown' (basado en 'Rum Punch'), 'Un Romance Peligroso' y la serie 'Justified'.


Suzanne Collins también es de las escritoras favoritas de Hollywood gracias a su trilogía de 'Los Juegos del Hambre' (2012), La segunda entrega de los libros, 'En Llamas' apenas está en proceso de filmación.


Stephenie Meyer es la autora de la popular saga de vampiros de 'Crepúsculo', 'Luna Nueva', 'Eclipse' y 'Amanecer', que fueron un éxito de taquilla a nivel mundial.


Los libros de Isaac Asimov también fueron base para los filmes futuristas 'Yo, Robot' )2004) y 'El Hombre Bicentenario' (1999), entre otros.


Ian Fleming es el autor de las 14 novelas sobre el agente 007, 'James Bond'; y aunque sólo es famoso por esas historias es creador de unos de los personajes más populares del cine a nivel mundial.


Stephen King es un gran contribuyente al género del terror en Hollywood, desde que su novela 'Carrie' fue adaptada en 1976 a la pantalla grande. Han sido varias las películas basadas en sus libros que se han estrenado con gran éxito, como 'La Danza de la Muerte', 'El Resplandor' y 'Sueño de Fuga', entre otras grandes.


Una de las sagas de la literatura infantil más exitosas es la de 'Harry Potter', cuya autora J. K. Rowling escribió siete entregas, que fueron transformadas en películas todas con el mismo éxito que los libros.


El nuevo superhéroe de acción de Tom Cruise, 'Jack Reacher' es también una adaptación al cine del best-seller del escritor británico Jim Grant que ha escrito más de diez libros sobre ese personaje.

Vía | terra.com.mx