Cómo mejorar mi escritura

17.1.12

No existen atajos, ni saltos con garrocha. No existen los remedios milagrosos, las curas rápidas. Ya sabes, eso de que: "Logre tal o cual cosa en 10 días. Método infalible". Es como si se le dijeras a un hombre que quiere aprender a nadar: "Aprende con esta fórmula". No. Sólo aprenderá echándose a la piscina, sumergiéndose, moviendo las manos, los pies, aprendiendo por instinto, por error, unas veces tragando agua y otras golpeándose la cabeza contra el fondo. Luego, tras un lento proceso, habrá aprendido. Y quizá, si continúa practicando, sólo si continúa terco como un burro en el perfeccionamiento de su técnica, llegue a las olimpiadas.  

Entonces, como ves, la clave radica en hacerlo, escribir y escribir, a diario, mejorar, equivocarse, volver a escribir... hasta el día de tu muerte. 

Así se hizo Picasso, que pintó miles de cuadros hasta el fin de sus días. Así se hicieron todos los escritores. 

Y si oyes por aquí y por allá la noticia de que tal escritor saltó a la fama "de la noche a la mañana", si escuchas eso, no te lo creas, no te lo vayas a creer por nada. Pues, ¿cómo sabes tú que no escribió antes, en la sombra, en el anonimato, cuando todavía no había llegado a la cúspide? 


El genio, la perfección se logra trabajando, puliendo, insistiendo. Pero este proceso de pulimento se hace en secreto, en la soledad de tu habitación destartalada, en medio de las carencias, en medio de los problemas cotidianos, cuando tus hijos, tu pareja o tu esposa ponen trabas a tu sueños, cuando todo parece oponerse a tu meta, cuando crees que tus escritos no sirven para nada. No importa. Recuerda siempre lo que dicen los que llegaron a la cima: insiste, insiste. 

Y es cierto, muchos son los que se embarcan en la carrera, hoy más que nunca, periodistas, hasta matemáticos, todos, por miles, en todos los países, pero incluso eso no importa. La cuestión es: de esos miles que empiezan, ¿cuántos persistirán hasta el final? ¿El 50%? No lo creo. La mayoría tirará la toalla, porque en muchos casos, sólo están metidos en la literatura para "probar suerte". 

No los imites, estás en el oficio porque amas leer, porque no puedes concebir una vida sin libros, porque te has leído casi toda la biblioteca que hay en tu casa, porque uno de tus paraderos favoritos es la librería de la esquina, y te pasas allí cogiendo y viendo los libros aunque muchas veces no tienes dinero para comprarlos. Estás en esto porque eres de los que sueñan y de los que mientras sueñan, escriben, no importa cómo, dónde, a qué hora, no importa que tu hijo llore, que tu padre te regañe, que tus hermanos te digan que pierdes el tiempo, que tu pareja no te aliente, busca el aliento en ti. Todo eso les pasó a los grandes, e insistieron.

Otro dato. No menosprecies tus escritos, guárdalos, no los borres, son un tesoro, como las capas del subsuelo, abajo van quedando las antiguas y sobre ellas yacen las capas mejoradas, el manifiesto de tu lenta evolución. 

Sólo persevera, persevera, y un día estarás en la cima. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Juan Cesar:

Te tuteo, ya que tú lo has hecho al referirte a nosotros, tus lectores. Verdaderamente no entiendo que tus entradas no susciten mil respuestas cada una. Lo he descubierto hace un par de horas y no puedo dejar de leerlo. Quiero que tengas consciencia de que un joven aprendiz de escritor lee con detenimiento tus consejos y lecciones y agradece tu esfuerzo narrativo y documental que tanto clarifica algunas veces.

De nuevo, muchas gracias.

Juan César dijo...

Gracias por tus palabras, amigo anónimo.

Sí, a veces uso el tuteo y en otras ocasiones el usted. Es porque de un tiempo a esta parte me he dado cuenta que tuteando logro más acercamiento con los lectores.

Y sobre las respuestas a las entradas, te diré que la culpa es mía, por haber descuidado el blog(aunque tuve razones poderosas para ello), pero en adelante me "verás" aquí, ayudando a los escritores que recién comienzan y aprendiendo de los maestros.

Gracias a ti.

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